Quienes manejan este dominio obtienen resultados de excelencia.
Se Aprenden
La excelencia en el desempeño se logra en tres dominios: el coeficiente intelectual, la expertise en una disciplina determinada y la inteligencia emocional, que es sinérgica y tiene un efecto multiplicador de las habilidades cognitivas. Es el dominio más importante porque da el sello personal, diferenciador.
Una competencia emocional es una capacidad aprendida, derivada de la inteligencia emocional que produce resultados sobresalientes en el trabajo.
La inteligencia emocional determina nuestro potencial para aprender las habilidades prácticas que se basan en sus cinco componentes: autoconocimiento, motivación, autocontrol, empatÃa y manejo de las relaciones interpersonales.
La competencia emocional muestra cuánto de este potencial hemos traducido en capacidades para el trabajo. Por ejemplo, una buena atención del público es una competencia emocional basada en la empatÃa.
Asà también la confiabilidad es una competencia basada en el autocontrol o el manejo de los impulsos y emociones.
El solo hecho de tener un alto nivel de inteligencia emocional no garantiza que la persona haya aprendido las competencias que importan en su trabajo, sólo significa que tiene un alto potencial para aprenderlas.
Fortalezas y debilidades
Las competencias emocionales se agrupan de acuerdo con el componente de la inteligencia emocional que están en su base (ver Figura 1). Nadie es perfecto en esta escala, inevitablemente uno tiene un perfil de fortalezas y debilidades.
Pero, como veremos, los ingredientes para un desempeño de excelencia requieren que se tengan fortalezas en algunas de estas competencias, y que las fortalezas se distribuyan en las cinco áreas de la inteligencia emocional.
En el Centro Médico de la Universidad de Nebraska, la expertise técnica y las habilidades analÃticas son muy valiosas, pero también lo son las competencias emocionales, tales como habilidades interpersonales, innovación, liderazgo y la construcción de redes.
Estas competencias son especialmente importantes en el rol de lÃder, cuya esencia es hacer que otros hagan su tarea lo mejor posible.
La ineptitud interpersonal en el lÃder hace que todos bajen su desempeño: se pierde tiempo, se crea animosidad, hostilidad, apatÃa y se corroe la motivación y el compromiso. También se pierden los mejores talentos de la organización.
Aprendizaje emocional
El aprendizaje de las emociones mejora las relaciones, crea posibilidades afectivas entre las personas, hace más cooperativo el trabajo y facilita el sentimiento de comunidad.
Un modelo de aprendizaje que surge como central en el mejoramiento de las inteligencias personales es el aprendizaje social.
Se ha reconocido que el comportamiento es una función de la continua interacción entre los determinantes cognoscitivos, de la conducta y de las condiciones del entorno.
Esta teorÃa, en lo que concierne al aprendizaje de conductas, enfatiza el uso de modelos, el simbolismo y el autocontrol. Imitamos a las figuras que tienen relevancia en el plano afectivo, a padres, amigos, lÃderes. AsÃ, lo que los lÃderes hagan o dejen de hacer juega un papel preponderante en las conductas de sus seguidores.
Cada uno de nosotros utiliza también el simbolismo como una guÃa para nuestro comportamiento. Nos hacemos una imagen mental de las consecuencias de nuestras acciones, nos fijamos objetivos personales para motivarnos.
También intentamos ejercitar el autocontrol postergando nuestros actos por una satisfacción mayor.
Un lÃder inepto contagia al grupo.
Todos tenemos que aprender respecto de nuestras emociones. Al comienzo, la mayor parte de las personas se sienten sumamente incómodas ante la palabra “emociones”. Especialmente los hombres, quienes temen a la exposición, porque les hará perder poder y control laboral y personal.
Esta sensación posee algo de base en la realidad, pero el aprendizaje emocional no consiste simplemente en expresar sentimientos, sino que también incluye la capacidad de controlarlos y conducirlos a la meta personal.
Ser emocionalmente inteligentes significa conocer las emociones propias y las ajenas, manejarlas a partir de su conocimiento y, más importante aún, saber en qué situaciones es apropiada la expresión de las emociones y el efecto que causan.
¡Hasta el domingo!
Opinión De La Profesora: La resiliencia (a propósito de los 33 mineros)
“Estamos bien en el refugio los 33″, el mensaje de los mineros atrapados en la mina San José, después de 18 dÃas, provocó júbilo, y luego admiración: ¿qué hizo —y qué hará— que los mineros puedan enfrentar la adversidad que implica estar atrapados a 700 metros bajo tierra?
En este episodio extremo surge una competencia emocional relacionada con la motivación, la resiliencia, capacidad que permite a ciertas personas, a pesar de atravesar situaciones adversas, lograr salir no sólo airosas, sino también fortalecidas por la experiencia.
Aquà cobran significado las diferencias individuales en la reacción ante circunstancias adversas, generadoras de estrés.
Mientras algunas personas sucumben a dichas circunstancias, evidenciando desequilibrios y trastornos a diversos niveles, otras se fortalecen en la adversidad.
Enfrentados a la adversidad, es a menudo posible levantarnos, después de haber sido derribados.
En el caso de los mineros sorprendió a todos el buen estado en que se encontraban y la forma en como se organizaron para sobrevivir, racionando los alimentos y utilizando las fuentes de energÃa disponibles. Gente bien entrenada y un notable liderazgo, explican esta situación.
Sin lugar a dudas, el caso de la mina San José es una situación extrema, pero todos los dÃas tenemos la posibilidad de volver a levantarnos, como monos porfiados, ante la adversidad.
De acuerdo con Boris Cyrulnik, “…la felicidad no es fatal, como tampoco lo es la desgracia. Se puede aprender a modificar estos sentimientos”.
Este autor compara dos situaciones ambientales totalmente distintas —una muy adversa y otra muy acomodada— y el grado de felicidad o sufrimiento de las personas. “Emmy Werner era psicóloga. Tuvo que ocuparse de 701 niños en Hawai. Estos niños sin familia y sin estudios dentro de una cultura fracasada no tenÃan ninguna oportunidad de salir adelante. Sin embargo, cuando volvió a ver a 204 de ellos, treinta años después, el 80% habÃa aprendido a leer y a escribir por su cuenta, habÃa aprendido un oficio y fundado una familia. Aparentemente, de alguna manera se habÃan desarrollado, a pesar de los riesgos”.
“Por el contrario, Georges Vaillant, en Harvard, estudió en 1938 a 224 niños con todo tipo de privilegios, con buena salud, un ambiente normal y estudios. De ellos, el 23% tuvo una vida de continuo sufrimiento”.
En el caso de los mineros, será principalmente la resiliencia, además de la ayuda, la que les permitirá enfrentar esta situación lÃmite: permanecer cuatro meses, 700 metros bajo tierra, a la espera del rescate.





















