El público es sensible a las emociones, la expresión corporal y el vestuario.
Puesta en escena
Las técnicas de actuación que se utilizan en el teatro pueden ser muy útiles para un comunicador.
Por lo general, las personas que se quieren convertir en buenos oradores relegan la preparación física a un segundo plano, privilegiando y, prácticamente, sólo preocupándose de la organización mental.
Sin embargo, una presentación pone en juego ambos factores, ya que el orador despliega sus ideas, palabras y su expresión corporal.
Al momento de elaborar una presentación, discurso o entrevista, es clave preparar todos los aspectos que habrán en ella: escenografía, espectadores y objetivo o tema, al igual que en una sesión teatral.
La improvisación no puede ser una forma de actuar cotidianamente, pero es fundamental saber hacerlo, ya que se trata de un recurso que muchas veces tendremos que ocupar.
Estar preparados para una situación no premeditada implica haberse entrenado para administrar los tiempos o las respuestas adecuadas a la audiencia.
Estas situaciones ocurren en momentos de poco tiempo y pocos recursos, lo que causa gran estrés.
Técnicas de actuación
1. Abrir el cofre de las emociones. Como lo hemos dicho en clases anteriores, para creer en un orador no sirve sólo que él se limite a leer o repetir un texto; las emociones que se reflejen en este discurso son muy importantes, ya que a través de éstas el orador transmite mucha credibilidad.
Uno quiere creer lo que está escuchando. En ello la actuación puede ayudar muchísimo, utilizando sus famosas técnicas relacionadas con la memoria emotiva, tanto física como sensorial (apelar a una vivencia personal), postura corporal y gestos.
Acuérdate de algo tuyo
Cuando un actor o comunicador se enfrente a una audiencia y deba sobreponerse a una situación difícil o entregar una emoción determinada, es recomendable abrir el “llamado cofre de las emociones”, en el cual cada persona debe guardar momentos únicos que representen diversas emociones.
Así, cuando necesiten demostrar alegría, abran el cofre y recuerden un nacimiento, cumpleaños, la Navidad, etc. Es importante ser cauto y no sobreutilizar las emociones, ya que es un error exagerar.
2. Expresión verbal. La voz es una clave importantísima en la comunicación. Al saber usarla evitamos muchos problemas, especialmente la disfonía y/o afonía, ya que la voz viene del diafragma y no de las cuerdas vocales; por lo tanto, no debería perderse si uno sabe ejercitar este músculo.
Además, y sobre todo para dosificar energía a lo largo de toda la presentación es importante trabajar y ejercitar la respiración.
Un buen ejercicio para comenzar es inspirar profundamente por la nariz hasta que se expanda el estómago, y luego expeler todo el aire, dejando casi vacíos los pulmones.
Las pausas también son muy importantes: sirven para respirar, para que el público procese la información, ayudan a pensar en lo que se quiere decir a continuación, a dar la impresión de que se controla la situación y que no hay apuro por finalizar la presentación.
Cuando la voz nos parece forzada o tensa, debemos adoptar un estilo más simple e informal.
El tono, que se refiere a lo agudo o grave de la voz, es una herramienta indispensable, al igual que el ritmo que lleven las palabras. Hay que ir matizando el tono de voz de acuerdo con lo que se vaya contando.
Cuando la voz es estridente, nasal o demasiado fina, hay que modificar el lugar desde donde ésta surge.
3. Expresión corporal. Hoy estamos conscientes de que la forma de sentarse, pararse, mover las manos y hasta de sonreír reflejan lo que una persona siente y piensa.
Sentirse cómodo con la totalidad del cuerpo es fundamental para poder comunicarse bien con una audiencia.
Perdedor encorvado
Primero debemos concentrarnos en mantener un cuerpo erguido, ya que muchas veces se asocia con una actitud ganadora; por el contrario, uno encorvado con los perdedores.
Una vez aprendida la postura adecuada, hay que concentrarse en el resto del cuerpo y sus movimientos.
Para comenzar, hay que poner atención en las expresiones faciales. La clave para controlarlas es sencillamente tener en cuenta que lo que uno hace con los músculos faciales concuerde con las palabras, el tono y el mensaje.
La presentación no se improvisa, pero hay que saber improvisar.
Con respecto al cuerpo, hay que tener conciencia cuándo es correcto mover las manos, ya que desconcentran al público.
Los pies también son importantes, porque la persona que va a dar un discurso o a comunicar algo debe estar bien plantada sobre el escenario y no balanceándose o paseándose de un lado a otro.
4. La imagen proyectada. Lo que el público percibirá a lo largo del discurso no serán sólo las palabras y el lenguaje corporal, sino una imagen de quien está hablando.
Aunque la imagen no lo es todo, ciertamente los buenos oradores proyectan una imagen agradable y sincera, y por eso les es más fácil ganarse la confianza del público.
5. El vestuario. Lo más importante es saber qué papel se desempeñará y qué se le quiere decir al público.
Lo mejor será usar un traje, pero tampoco debe ser tan elegante ni estar adornado con una corbata demasiado llamativa.
6. El escenario. Un orador deberá sentirse cómodo en el lugar en que hablará, y aunque es difícil que visite el recinto con mucha anticipación, a lo menos deberá conocerlo de antemano y saber bien dónde hablará, desde qué perspectiva verá al público y cómo éste lo verá a él.
Pero si no se alcanza a observar el lugar ni tomar estas precauciones, hay que prestar atención a algunos elementos técnicos (data, telón, podio), que son claves para una buena presentación.
¡Hasta el jueves!
Opinión De Vasco Moulian
Efecto Bielsa
Su claridad y espontaneidad le permiten mantener su buena imagen.
En mi columna de la semana pasada destaqué lo importante que es para lograr una buena imagen, desarrollar las habilidades blandas, y lo necesario que es para mantener una buena imagen, transmitir conocimientos, inteligencia y experiencia práctica, es decir, las habilidades duras.
En la misma semana pudimos escuchar por radio, internet y a ratos por televisión cómo un personaje, a estas alturas histórico de nuestro fútbol, se dirigía a una inmensa audiencia, y transmitía con éxito su mensaje.
Pero ¿cómo se puede explicar que un discurso sin mayores virtudes pueda mantener la atención de tantas personas por tan largo rato?
Tengo dos explicaciones para esta interrogante, y nuevamente recurro a las habilidades duras y a las habilidades blandas.
Por una parte, Marcelo Bielsa logró conquistar la admiración y respeto de la gran mayoría de los chilenos, entre los cuales me incluyo, en base a un trabajo constante, serio y efectivo, y evidentemente eso le sirve para lograr mantener la atención de la audiencia, incluso por más de dos horas en una rueda de prensa. Y eso que no tiene mucha expresión corporal, y en general, es plano en su expresión verbal.
¿Por qué un discurso sin mayores virtudes pudo mantener la atención de tantos por largo rato?
No por nada, en su equipo de trabajo, está Bonini y tenía a Berizo, quienes se preocupaban de mantener la buena comunicación con los jugadores en el camarín.
Sin embargo, Marcelo Bielsa tiene una excelente imagen, y eso no es más que la premiación de la buena aplicación de las habilidades duras.
Por otra parte, se puede destacar la gran sinceridad, transparencia y profundidad que expresaban sus palabras en la rueda de prensa.
Esa claridad y espontaneidad que tiene al hablar son las habilidades blandas más rescatables que tiene nuestro aún entrenador de la Selección chilena. Para personas como él, eso basta y sobra para mantener su buena imagen.















